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Piensa en un proyecto importante, lo diseña hasta el último detalle, trabaja arduamente para terminarlo y ponerlo en marcha y, luego, sencillamente se desmorona

Solución: La mayoría de nosotros en algún momento hemos sido culpables de decir pequeñas mentiras a los que nos rodean en nuestra vida empresarial; resulta incómodo que a uno lo atrapen, como puede suceder, pero si no es algo importante la gente no piensa demasiado en ello. No obstante, aquí hablamos de otra cosa: usted está diciendo ni más ni menos que la verdad exacta, pero nadie le cree. Sabe lo frustrante que esto puede ser, y a veces, cuanto más protesta, menos cree la otra parte que usted diga la verdad.

Es importante darse cuenta de que esta impresión de parte de la otra persona no es algo que pueda provenir de su honestidad actual. Una de las reglas de las semillas es que su contenido debe ser coherente con su resultado, es decir, usted nunca podría obtener un resultado negativo (alguien que piensa que usted le está mintiendo) de una huella positiva (la huella provocada por decir la verdad a consciencia). Por el contrario, el hecho de que no puedan creerle provienen de actos pasados de deshonestidad, aunque sea en formas relativamente menores, y de las semillas que esos actos plantaron en su mente.

Entonces, la solución es ser estrictamente preciso con sus palabras. Recuerde que mentir, en verdad, implica darle a alguien una impresión de algún objeto o hecho que no se corresponde estrictamente con la impresión que usted mismo tiene de esta misma cosa. De modo que la total honestidad en lo que dice no es ni más ni menos que asegurarse de que la impresión que sus palabras dejan en los demás, concuerde con la impresión que usted guarda en su mente. ¡Esto es mucho más difícil de lo que solemos entender como honestidad! Pero si lo mantiene durante un cierto período, verá que su propia credibilidad, respaldada por su empresa y por el mercado donde se mueve, es un gran sentimiento y, además, redituable.