
Descubre que se siente deprimido muy a menudo, más allá de los resultados del negocio. Empieza a tener pequeños ataques de melancolía y falta de confianza
Solución: este fenómeno también puede arreglarse de un modo directo y simple. Observe cómo trabaja con la gente que colabora con usted. ¿Hay circunstancias en las que los alienta a que adquieran mañas de alguna manera? ¿Tiene políticas, explícitas o implícitas, que podrían llevar a pensar a un empleado que usted aprueba algún tipo de conducta negativa o deshonesta, ya sea para con un cliente, proveedor, otro empleado o has un competidor?.
Nunca dejó de sorprenderme, dentro de la industria de los diamantes, cuando un empleador alentaba a engañar a un cliente o a un competidor para provecho propio. En ocasiones, nos topábamos con empresas en las que el dueño había entrenado a su personal para engañar a sus clientes, preparar informes falsos para los auditores o hacer trampa en cosas como el peso de las piedras. Tuvimos un proveedor que durante semanas nos estuvo suministrando paquetes de piedras envueltas en un plástico que tiene burbujas, de modo que era muy difícil verificar correctamente el peso de las piedras sin que se mezclaran.
Se había ofrecido a proveernos rubíes preclasificados, separados por grupos de piedras que con facilidad podían colocarse, por ejemplo, en una pulsera que requería cinco gemas marquise –conforma de bote- montadas en una hilera. Normalmente, verificar que las cinco piedras tuvieran la misma exacta tonalidad y trazos era bastante ardua y debía realizarla alguien que estuviera especialmente entrenado y que tuviera un ojo para detectar el color. Este tipo de visión, la capacidad de distinguir las sutiles tonalidades del color, es algo que no dura mucho después de los cuarenta años en casi todas las personas: la percepción del color comienza a deteriorarse de manera gradual mucho antes de ese momento y, entonces, los verdaderos expertos en juntar piedras de similares características son difíciles de hallar.
De todos modos, estábamos agradecidos por su ofrecimiento de entregarnos los grupos de piedras ya clasificadas, y pensamos que sería un buen negocio para el proveedor, ya que lo favoreceríamos entre los demás cada vez que tuviéramos que cumplir con un pedido importante. Al principio, no consideramos el hecho de que no podíamos pesar correctamente las piedras después de que fueran guardadas prensadas en plástico, pero como norma verificábamos el peso de algunas al azar.
El engaño se produjo de una manera muy inteligente: el peso de todos los conjuntos de piedras estaba aumentado exactamente en el mismo porcentaje, pequeño pero redituable en un negocio donde el uno o el dos por ciento en una venta puede significar su ganancia total. El punto es que la cantidad de dinero que cambia de manos en una transacción que involucra miles de piedras es tan grande y se mueve tan rápido, que el ahorro de incluso el uno por ciento puede marcar una diferencia del doble de ganancia al final del año. De modo que el engaño se esparció en miles de grupos de piedras, en lugar de correr el riesgo de aumentar con desmesura el peso de unas pocas piedras nada más.
Nos quedamos mudos para comprobar si el proveedor continuaría con esta práctica, y lo hizo. Con tranquilidad llevamos un registro de todos los pesos aumentados y, cuidadosamente, guardamos cada bolsita de plástico con los cientos de rubíes prensados en ellas. Al final, invitamos al proveedor a revisar el peso con nosotros y ajustar sus facturas y, luego, procedimos de manera gradual a recortar sus pedidos hasta que ya no le volvimos a comprar.
Aquí, el punto es destacar la tontería de enseñar deshonestidad a los empleados que trabajan para usted; la ingenuidad de creer que alguien a quien usted le ha enseñado a engañar para su provecho, al tiempo no lo engañará a usted también. Con el correr de los años, este proveedor en particular tuvo enormes problemas por robos internos y perdió miles de dólares. Y fue notorio como los dueños –dos hermanos- fueron menos felices cada año: debían luchar con problemas de personal, fracasos matrimoniales, y cosas parecidas.
Este tipo de tristeza o depresión es el resultado directo de una huella que se ha plantado en su mente, por alentar a los que trabajan para usted a no tener integridad en sus transacciones para su provecho. Y cierto tipo de confianza y alegría en su trabajo llega cuando usted apoya la integridad en cada empleado de su firma, de arriba abajo.
