
La gente a su alrededor no se acerca a ayudarlo cuando más la necesita
Solución: esto también es el resultado de sentir una especie de placer malsano en los problemas de los demás. Trate de intervenir en toda situación en la que piense que puede ayudar, ya sea ofreciéndole una aspirina a su compañero del escritorio de al lado, porque le duele la cabeza, o dando una mano y quedándose hasta tarde la noche anterior a una presentación para un cliente importante. Al menos, trate de vigilar de cerca a su mente y niéguese a permitirse esa mórbida fascinación por los problemas de los demás.
